Siempre me he preguntado, Por qué existe una norma para todo? Por qué tenemos que estar dominados por una ideología binaria? Por qué si Dios nos hizo seres humanos, por qué la sociedad tubo que establecer una norma de convivencia, en la que unos tenemos que estar subordinados por otros? Por qué se puso el “poder” en todo el eje de la vida?
Hoy confieso que me encuentro confundid@. Porque recuerdo que cuando tuve conciencia de mi persona, conforme mi mente iba desarrollando, no terminaba de comprender todo lo que mis padres trataban de enseñarme, recordaba que me llamaban James, mientras yo en esa pequeña edad, no me sentía identificad@ con ese nombre, comprendía que todo lo que ellos hacían, era por mi bien, entendía que cuando mi madre me vestía con pantalones holgados y a mis hermanas con vestidos apretados, era porque existía algo que obligaba a que se hiciera de esa manera. Entendía que ese pantalón y la camisa, el no llorar, el tener un cuerpo musculoso, el hacer fuerza, el cuidar a mis hermanas, el plantearme una vida con personas como mis hermanas, eso era masculino. Que en el caso de mis hermanas, vestidos de colores fuertes, la delicadez en su cuerpo, ellas si podían llorar, tenían que cocinar, lavar la ropa, no podían jugar fútbol, no estar con los demás chicos hombres, y siempre quedarse en casa, siguiendo los pasos de mi madre,. Entendía que eso era femenino. En esa edad entendí que además de haber una diferencia en lo que mis padres nos hacían, también lo había mi cuerpo, la pregunta que me surgía era. ¿Por qué tengo yo esto, y mis hermanas no? Pero me gusta esa forma con las que mis padres las tratan y lo que ellas hacen. Allí llegué a comprender esa diferencia.
Mientras mi cuerpo se desarrollaba, más me sentía femenina, comprendía que lo que mis padres me enseñaban no era lo correcto, porque no me sentía conforme con eso. Aprovechaba cuando ellos no estaban, ni mis hermanas, para coger a escondidas esos hermosos vestidos, ponérmelos y disfrutar. Así pase mi niñez y mi juventud, callando mis verdaderos sentimientos.
A cumplir la mayoría de edad y migrar a otro país, me sentí libre y sin dominio de mis padres hacía mí, sentía que no me podían obligar a usar lo que era “correcto y aceptado”. Pero todo era una fantasía creada por mí. No creía que al tratar de transgredir esa norma todo iba a resultar más difícil de lo que pensaba. Decidí seguir guardando las apariencias para poder sobrevivir en un país distinto y alejado de mi familia. Pero sufriendo en silencio, porque para mí, el callar era una injusticia, de la que la sociedad era la única culpable.
Durante ese proceso, llegó alguien a mi vida que compartía conmigo los mismos sentimientos, que había callado toda su vida sus sentires, y allí supe que no era solo un problema mío, sino que existían muchas más personas con mis mismas características. Me dije en ese momento, es hora de gozar de lo que siento y empecé a cambiar mi apariencia. En ese instante sentí una fractura que no comprendía, por un lado mi familia y lo que me habían inculcado, por el otro lado, sabía de todos los interminables problemas que tendría con la sociedad, pero en mi mente prevalecía el gusto de sentirme y disfrutar de lo que tanto había soñado.
Ahora disfruto y me siento bien como soy, pero todavía mantengo el dolor de saber que mi biología no es igual a mi estética, siento cuando salgo con amigas mujeres, que tengo que callar lo que soy para no ser violentada o ignorada, que cuando un chico se acerca a mí por mi aspecto femenino, tengo que no decirle mi condición de trans, para no ser objeto de rechazo, mientras con mis amigas es distinto, porque ellas si son lo que yo no soy, pero lo que si me siento.
Hay veces reflexiono y digo, por qué siempre tengo que esconder mi verdad, si soy tan visible, pero invisible a la vez. Pero me queda la sensación que mi lucha por abrir esas barreras que tengo, es un proceso, que cada acción que hago en un espacio público, es para otras chicas que no van a tener la misma fuerza que yo, para enfrentarse a una sociedad irrespetuosa.
Es un rompimiento de una norma, un sufrimiento silencioso, una violencia desmedida, pero lo más valioso, es el goce de esa fractura sistemática que nunca termina.

No hay comentarios:
Publicar un comentario